Pirámide de Mayo: historia del monumento más antiguo de la plaza
29/10/2026

Está en el centro exacto de la Plaza de Mayo, rodeada por la Casa Rosada, el Cabildo y la Catedral, y pocos porteños se detienen a mirarla. Sin embargo, la Pirámide de Mayo es el primer monumento patrio que tuvo la ciudad y uno de los objetos más cargados de historia de todo el centro. Una curiosidad para empezar: no es una pirámide sino un obelisco, y nadie sabe bien por qué se le dijo así desde el principio. Esta es la historia de cómo nació, cómo cambió y por qué sigue siendo el corazón de la plaza.

Una columna para el primer aniversario
Todo empezó en marzo de 1811. La Junta Grande decidió que el 25 de mayo se celebrara con un acto especial el primer aniversario de la Revolución de Mayo, y le pidió al Cabildo que pensara la mejor manera de hacerlo. El Cabildo aprobó el programa de festejos el 5 de abril y, entre otras cosas, resolvió levantar una columna transitoria en el centro de lo que entonces se llamaba la Plaza de la Victoria. En esa época la plaza estaba dividida por la Recova, un edificio alargado que la partió en dos: de un lado la Plazoleta del Fuerte, frente a lo que hoy es la Casa Rosada, y del otro la Plaza de la Victoria, frente al Cabildo.
La idea inicial era una pirámide figurada con jeroglíficos, una forma que se aceptó por su carga simbólica y porque se podía hacer rápido. No hay registros que expliquen por qué se eligió una estructura de obelisco, pero aunque tenía esa forma, siempre se la llamó pirámide. De la obra se ocupó el alarife Francisco Cañete, quien, junto con el profesor de escultura Juan Gaspar Hernández, decidió hacerla con materiales sólidos en lugar de madera, como se había previsto. Los cimientos se colocaron el 6 de abril de ese año, entre bandas de música y mucha gente en la plaza.
La transformación de 1856
El monumento que se ve hoy no es exactamente el de 1811. En 1856, bajo la dirección del artista Prilidiano Pueyrredón, se la transformó: se construyó una nueva pirámide sobre los cimientos de la anterior. Esa es la que sobrevive, con las modificaciones que sufrió después. Culmina en la figura de la Libertad, obra del escultor francés Joseph Dubourdieu, con su gorro frigio, que se volvió un modelo para la alegoría de la Argentina. Desde el suelo hasta la punta del gorro, el conjunto mide 18,76 metros.
En 1912, después de varias reformas, se la trasladó al lugar en el que está hoy: unos sesenta y tres metros más al este de donde se había levantado originalmente. La razón fue que se pensaba construir un enorme monumento a la Revolución de Mayo que la contuviera en su interior. Ese proyecto nunca se concretó, pero la pirámide se quedó en su nuevo lugar y ahí está.


Ronda de los jueves
La Pirámide de Mayo no es solo un monumento histórico: es también un lugar de la memoria viva. Desde 1977, las Madres de Plaza de Mayo caminan en ronda alrededor de la pirámide los jueves por la tarde para reclamar por sus hijos desaparecidos durante la última dictadura, y los pañuelos blancos pintados en el piso de la plaza recuerdan esa rutina de décadas. Si coincidís con la ronda, mirá con respeto y sin interrumpir; es una de las expresiones políticas y humanas más importantes de la historia argentina reciente y forma parte del paisaje de la plaza.
El pañuelo blanco, que se convirtió en símbolo mundial de la lucha por los derechos humanos, nació de una manera muy simple: las primeras madres se cubrían la cabeza con pañales de tela para reconocerse entre la multitud. Con los años, el pañuelo se convirtió en la marca de la ronda y la pirámide, en su eje. Por eso, a veces verás la pirámide cubierta con carteles, siluetas o instalaciones durante marchas y actos: es parte de su uso como soporte de la memoria colectiva.

Cómo acercarte y qué mirar
La pirámide queda en medio de la plaza y se rodea libremente a pie. Lo más interesante es acercarse y mirar el pedestal, los detalles de los cuatro frentes y la figura de la Libertad en la cima, y después alejarse unos pasos para ver cómo dialoga con la Casa Rosada, con el Cabildo y con la Catedral. A la mañana temprano hay menos gente y es más fácil sacar fotos sin que pasen turistas; al atardecer la luz sobre la fachada de la Casa Rosada hace que el conjunto se vea más dramático. Si querés sumar contexto, tenemos una guía completa de la Plaza de Mayo y otra sobre la Casa Rosada.
Tené en cuenta que la plaza es un lugar de reuniones, marchas y actos políticos, así que algunos días puede haber cortes, vallas o mucha gente. Si tu visita tiene que ser tranquila, revisá antes el calendario de actividades y evitá las fechas de grandes movilizaciones. También conviene cuidar las pertenencias, como en cualquier zona de mucho tránsito de visitantes.
Para seguir caminando
Desde la pirámide, el recorrido natural es hacia la Avenida de Mayo, que sale de la plaza hacia el Congreso, con sus cafés y edificios; también podés tomar el subte en la estación Plaza de Mayo y seguir hacia otros barrios. Con la Catedral, el Cabildo y el Museo del Bicentenario en los alrededores, es fácil dedicarle una mañana entera al sector, y si querés pensar un itinerario completo, mirá nuestro itinerario de 3 días en Buenos Aires y la guía del barrio de Monserrat.
Una pieza que resume la historia
La Pirámide de Mayo es chica en comparación con muchos monumentos del mundo, pero condensa una historia muy grande: un festejo patrio improvisado en 1811, una reforma de arte en 1856, una mudanza en 1912 y décadas de ser el punto de encuentro del país en sus momentos más intensos. Cada vez que la veas, recordá que no es solo un monumento para fotografiar: es el centro simbólico de la plaza más importante de la Argentina.
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