Avenida de Mayo: recorrido a pie por el bulevar histórico de Buenos Aires
30/10/2026

Hay avenidas que se recorren y avenidas que se leen. La Avenida de Mayo es de las segundas: en diez cuadras que van desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso, cada fachada, cada cartel de bar y cada cornisa cuentan algo del Buenos Aires que quiso ser París y terminó mezclado con Madrid. Fue el primer bulevár de la ciudad, y desde su inauguración, el 9 de julio de 1894, funciona como la columna vertebral del centro histórico. Este recorrido te propone caminarla de punta a punta, con paradas para mirar hacia arriba, entrar a un café y entender por qué sigue siendo uno de los paseos más lindos de la ciudad.

Por qué se hizo y qué cambió
La avenida nació de una necesidad y de un deseo. La necesidad era abrir un pulmón de aire y luz en un casco histórico muy denso. El deseo era armar la gran vidriera de la ciudad frente al mundo, a imagen de los grandes bulevares parisinos. Para abrirla hubo que expropiar y demoler casonas de familias importantes, y el proyecto despertó resistencias porque se lo consideró caro y presuntuoso. Pero funcionó: la avenida se llenó de edificios de renta, hoteles y teatros, y se volvió el escenario predilecto de los festejos y de las protestas del país.
Hubo además un giro inesperado. Como en sus alrededores se instaló una enorme comunidad de inmigrantes españoles, la avenida adquirió un aire madrileño: teatros de zarzuela, cafés que copiaban a los de Madrid, ateneos, peñas literarias y sociedades de beneficencia. De ahí viene la comparación recurrente con la Gran Vía. Bajo su traza, además, corre el primer subte del Hemisferio Sur, inaugurado en 1913.


Primera cuadra: del Cabildo a los diarios
El recorrido empieza al lado de la Plaza de Mayo, con el aire de poder institucional que dejan la Casa Rosada y el Cabildo. En las primeras cuadras, mirando las fachadas, se nota la mezcla de estilos: art nouveau, neoclásico, ecléctico. Uno de los edificios que no hay que pasar por alto es el que albergaba al diario La Prensa, en el número 575, hoy convertido en Casa de la Cultura, con una fachada llena de detalles. Muy cerca está el Pasaje Roverano, una galería de comienzos del siglo XX que todavía conserva la elegancia de la época.
Más adelante, entre Bolívar y Perú, aparece el Café Tortoni, en el 825, el más famoso de la ciudad. Mejor leer su historia con calma en nuestra nota sobre el Café Tortoni, pero vale la pena detenerse al menos en la puerta y fijarse en la fachada, sus vitrales y el cartel. Si hay fila, no te desanimes: la avenida tiene otros cafés históricos.
La esquina de Perú
A pocos pasos del Tortoni, en la esquina con la calle Perú, está el London City, un café abierto en 1954 donde escribía Julio Cortázar. Es una parada ideal para quien quiere sentarse a mirar la avenida desde una mesa junto a la ventana. Tiene su propia nota en nuestra web: London City, el café de Cortázar.
La zona de los teatros y los hoteles
La segunda mitad del recorrido, hacia el Congreso, concentra algunos de los edificios más fotografiados. En el número 1370 se alza el Palacio Barolo, inaugurado en 1923, un edificio muy particular proyectado por Mario Palanti y pensado, según se cuenta, a partir de la estructura de la Divina Comedia de Dante: el sótano como infierno, los pisos intermedios como purgatorio y los últimos como cielo. Tiene un faro que remata la torre, y en general se visita con recorridos guiados.
En el 1297 está el Hotel Chile, uno de los ejemplos más lindos de art nouveau de la ciudad, con su cúpula y sus ornamentos. Y cerca queda el Teatro Avenida, inaugurado a principios del siglo XX, que fue epicentro de la zarzuela y de la vida teatral española en Buenos Aires.
Hasta el Congreso
La avenida termina en la Plaza del Congreso, donde se ve el edificio legislativo con su cúpula verde y, en el medio, el monumento a los Dos Congresos. Ese remate no es casual: la avenida une el poder ejecutivo (la Casa Rosada) con el poder legislativo (el Congreso), y por eso es el recorrido protocolar que hacen los presidentes electos el día de su asunción. Si llegás hasta acá, leé nuestra guía de la Plaza del Congreso y la historia de la Confitería del Molino, que está justo al lado.

Una avenida que cambia con la hora
De día, la Avenida de Mayo es oficina, trámite y turismo. A la tarde, cuando se vacían las oficinas, se llenan las mesas de los bares y las veredas se vuelven paseo. Y de noche conserva un aire de teatro con mucha vida. En Carnaval, además, las murgas desfilan por sus veredas con trajes de colores, bombos y platillos, una tradición muy porteña que, si coincidís en fecha, vale la pena ver. Los domingos suele haber menos movimiento y es un buen momento para fotografiar fachadas con calma.
Datos para caminarla bien
Lo ideal es empezar desde la Plaza de Mayo y bajar hacia el Congreso, con paradas largas en el Tortoni, el Palacio Barolo y el Hotel Chile. Toda la avenida se hace en un par de horas si no te frenan los cafés; en media jornada si sumás una visita guiada. Si preferís volver en subte, la línea A te devuelve a la Plaza de Mayo; tenemos más datos en la guía del subte de Buenos Aires. Y si querés combinarlo con el barrio, mirá la nota de Monserrat y nuestro itinerario de 3 días en Buenos Aires. Las fachadas se ven mejor de mañana, cuando hay luz y menos gente en la vereda.
Como en cualquier zona muy concurrida, conviene cuidar las pertenencias y revisar los horarios de los lugares que querés visitar, porque cambian según el día y la temporada.
Algo para llevarte
La Avenida de Mayo se disfruta mejor sin apuro y con la cabeza levantada. No tiene una sola atracción insuperable, sino una suma de detalles: un balcón de hierro, una cúpula, un cartel esmaltado, una vitrina de otra época. Caminarla entera es una manera de entender cómo se imaginaba la Argentina a sí misma hace más de cien años.
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