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Confitería del Molino: historia de un palacio art nouveau frente al Congreso

31/10/2026

Interior de la Confitería del Molino con sus techos y vitrales

Si hubiera un concurso de edificios que los porteños extrañan sin haberlos vivido, la Confitería del Molino ganaría por goleada. Durante buena parte del siglo XX fue el lugar donde se tomaba el té, se compraban los pasteles de domingo y se encontraban políticos, familias y enamorados frente al Congreso. Cerró en 1997 y desde entonces espera una segunda vida mientras su edificio, un tesoro del art nouveau, se vuelve cada vez más fascinante. Esta nota cuenta cómo nació, por qué es tan importante, qué se puede hacer hoy y qué mirar si pasaás por la puerta.

Fachada y cúpula de la Confitería del Molino junto al Congreso
Foto: Tadeo GV, CC BY-SA 4.0 (Wikimedia Commons)
Índice
  1. De una confitería de barrio a un palacio de pastelería
  2. Un edificio que parece una torta
  3. Cuando cerró
  4. Qué se puede hacer hoy
  5. Por qué importa más allá del edificio
  6. El barrio que lo rodea
  7. Antes de ir

De una confitería de barrio a un palacio de pastelería

La historia empieza mucho antes del edificio. Hacia 1850, dos socios italianos, Constantino Rossi y Cayetano Brenna, eran dueños de la Confitería del Centro, en la esquina de la actual Rivadavia y Rodríguez Peña. Brenna era un pastelero de prestigio, especializado en pan dulce. Cuando en la plaza vecina se instaló el primer molino harinero a vapor de la ciudad, el local pasó a llamarse Antigua Confitería del Molino, y ese nombre quedó para siempre.

En 1905 la confitería abrió un local frente al Congreso Nacional, que estaba muy cerca de inaugurarse y cuya plaza se terminaría en 1910. Brenna, ya asociado con los Rocatagliatta, necesitaba un edificio para reunir todos sus locales, y le encargó el proyecto al arquitecto Francisco Gianotti, que también diseñó la Galería Güemes. El encargo incluía reformar un edificio sobre la avenida Callao y construir otro sobre Rivadavia, con la condición de que las obras no interrumpieran la atención al público. Así nació la Nueva Confitería del Molino, que se inauguró el 9 de julio de 1916, aunque algunas partes todavía estaban en obra, y se fue completando hasta 1917.

Un edificio que parece una torta

Lo primero que sorprende de la Confitería del Molino es su fachada: una esquina curva, con una torre que se alza como un campanario, remates y ornamentos que recuerdan a un pastel decorado. Es uno de los mejores ejemplos de art nouveau de Buenos Aires, y su valor está tanto en la forma como en los materiales, muchos de ellos importados: mármoles, vitrales, herrerías y obras de arte traídas de Italia. Adentro, los salones estaban revestidos con mármol en columnas, pilastras y paneles, con una suntuosidad que no se ve en las confiterías de hoy.

Los detalles son lo mejor. Los vitrales de colores, los mármoles y los detalles escultóricos de la fachada y de los salones se conservan, y son lo que hace de este lugar una joya patrimonial: cuando el edificio está cerrado, uno mira desde afuera y puede imaginar todo lo que hay adentro.

Detalles art nouveau en el interior de la Confitería del Molino
Foto: Roberto Fiadone, CC BY 4.0 (Wikimedia Commons)

Cuando cerró

La Confitería del Molino cerró sus puertas en enero de 1997, y ese mismo año el conjunto arquitectónico fue declarado Monumento Histórico Nacional. Desde entonces hubo múltiples intentos de recuperarlo, con proyectos de restauración, apoyos del Estado y campañas ciudadanas, pero los trabajos se extendieron durante años. En distintos momentos se anunció su reapertura, y al revisar esta información el edificio seguía sin abrir como confitería al público general, aunque se podía conocer su interior a través de visitas guiadas que se reservaban en línea.

Como la situación puede cambiar, es mejor confirmar antes de ir si hay visitas disponibles, en qué días, con qué reservas y a qué precio. Si el edificio reabre, es probable que su funcionamiento se informe por los canales oficiales.

Qué se puede hacer hoy

Aunque no haya una confitería en funcionamiento, la esquina de Callao y Rivadavia sigue siendo una parada obligatoria. Podés mirar la fachada desde la vereda del Congreso, ver cómo se recorta la torre contra el cielo y leer las placas del edificio. Si coincidís con una visita guiada, entrar es una experiencia distinta: se recorren salones, escaleras y espacios de servicio que cuentan cómo funcionaba una gran confitería de principios del siglo XX, y hay mucho para fotografiar.

También podés sumar el entorno: la Plaza del Congreso está enfrente y la Avenida de Mayo nace a pocos metros. Si te dan ganas de tomar algo en un café histórico, tenemos una lista en nuestra nota de cafés históricos de Buenos Aires, que incluye lugares donde se puede sentir algo de ese ambiente que ya no existe en el Molino.

Por qué importa más allá del edificio

La Confitería del Molino es un símbolo de la ciudad por varias razones. Resume la inmigración italiana y su peso en la gastronomía local, muestra cómo la élite y las clases medias usaron los espacios públicos de la ciudad, y deja claro cuánto se puede perder cuando un edificio de valor queda en pausa durante décadas. Para muchos porteños, es además una especie de recuerdo colectivo: el sitio donde se compraban las tortas y los dulces para las fiestas, una costumbre que mucha gente recuerda y que se transmite de generación en generación.

El barrio que lo rodea

El Molino está en Balvanera, en un tramo de la ciudad que mezcla la vida política con el comercio de barrio. Alrededor hay cines, teatros, librerías, tiendas de ropa y pasajes que hacen que el entorno sea tan interesante como el edificio. Una caminata por Callao y Rivadavia permite ver cómo conviven en pocas cuadras palacios y negocios populares, y es una buena oportunidad para entender el barrio desde la calle. Si te interesa el costado cultural, la Avenida de Mayo y sus cafés históricos quedan a pocas cuadras.

Antes de ir

Llevate paciencia y buen calzado si te interesa recorrer la zona. Aprovechá la visita para caminar hasta el Congreso, hacer un alto en la plaza y quizás sumar un paseo por la Avenida de Mayo. Si tenés tiempo, el entorno de Balvanera tiene mucho para ver; leé nuestra guía del barrio de Balvanera. Y si viajás en subte, la línea A llega a pocas cuadras; para más ayuda mirá el transporte público en Buenos Aires.

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